Con 76 años Juan hizo de su vida un bricollage. Hoy su situación es la de millones de jubilados, “la vida pasa”.

Juan Bucetich es un marinero jubilado de 76 años, y un artista de vocación. Oír de su vida es como oír de Geppeto, Van Gogh y Simbad, un poco de cada uno. De ojos celestes y pelo blanquísimo, conjuga en su sangre a yugoslavos croatas-padre- y brasileros irlandeses-madre.
Habla tranquilo, entre cauto y resignado, su expresividad se limita a alguna carcajada breve. Nació en un conventillo de La Boca, a una cuadra del riachuelo: “era muy pobre, estaba lleno de genoveses, la mayoría navegantes”, precisa.
Muchos barrios lo vieron crecer: La Boca, Parque Chacabuco, Palermo, La Lucila. Tal vez por eso no recuerde fuertes amistades. El movimiento fue en su vida una constante más que ninguna otra. A los diez años se mudó con su tía. Explica los motivos con palabras cuidadas: “mi padre era un hombre nocturno, bailador, salidor… nunca debería haberse casado”.
“Pasa la vida y uno ve cruces (muertos)”, le comenta a su amiga Bárbara.” Todo es prestado, todo pasa, si… soy escéptico”, lo dice y no se le mueve ni un pelo. Aclara que es algo “personal y ético”, que no quiere ofender a nadie y enumera, a modo de manifiesto, lo que le parece fundamental: Homero, Shakeaspeare, Baj. “Todo lo demás es una buena invención del hombre”.
Terminó el colegio a los 18 años e ingresó a la escuela náutica, donde en 3 años obtuvo el titulo de Oficial de cubierta. Durante 4 años trabajó a bordo, viajando por el mundo. Cuenta con melancolía aquellos años, conciente de que probablemente nada parecido le volverá a suceder. Habla de países, precisa ciudades, direcciones; con estructuras casi poéticas conmemora sus trotes de antaño.
Luego, por motivos personales que evita precisar, pidió que lo pasen a tierra firme. Allí estuvo unos cuantos años como inspector de cubierta. “Hasta el 82´. Ahí Menem y el Cavallo terminaron con todo”, la indignación le gana la voz.
“El mundo bien dividido no está”, medita. Como todo viajero, no puede evitar hacer comparaciones, Europa parece haberlo obnubilado. Los lugares que más le gustaron fueron Francia e Inglaterra, aunque lo diga con un tono casi apesadumbrado.
Un hobbie, rezagado hasta ese momento, encontró luz en tiempos de crisis. Juan ama pintar. Pinta paisajes muertos, escenarios de la boca y figuras humana. Pinta aunque nadie el enseño, pinta aunque nadie de su familia lo hacía.
Durante dos años vendió cuadros en la feria que queda frente a la catedral de San Isidro. Precisa horarios, calles, y algo más:” a veces vendía a veces no, pero hice feliz a mucha gente, porque tener un cuadro no todos pueden tenerlo. No es q sea ni bueno ni malo pero no todo el mundo puede”
En sus épocas de marinero confiesa haber tomado apuntes y pintar con acuarelas, aunque el movimiento lo hacía difícil. Siempre vuelve a esa época, cuenta que no es para todos, que “el mar no perdona” y que él nunca se mareó, “debe ser porque es de familia”, concluye, pues su padre también fue marinero.
“Después pasé a trabajar en cine, no en el cine de Hollywood, no, pero…”, la humildad y la risa son una constante en sus relatos grandilocuentes. Una agencia de escenografía fue su próximo paso. Allí estuvo cuatro años, hasta que una fiesta familiar cambió el rumbo de las cosas.
El continente, Europa; el país, Holanda. Le pidió a su jefe más de quince días y el resultado fue una renuncia. Viajó al viejo continente en donde pasó más de un mes entre familiares, todos de tradición panadera. “Mi familia es del gremio de los panaderos desde el año 1700, es que Europa es así, las cosas se heredan”.
La tecnología no tiene lugar en la vida de este personaje que todo lo vio y lo hizo, el celular es para el un “teléfono portátil”, la computadora un tesoro sin descubrir, y el avión una maravillosa “parábola”, pero parábola al fin, y ya saben lo que dicen… lo bueno es el viaje.
Ahora Juan está lejos de los buques de vapor, pero las acuarelas siguen ocupando un lugar en su vida, aunque su puesto en la feria ya no está. Mantenimiento, arreglos, música clásica, una enorme biblioteca: estas son sus ocupaciones de hoy, como tantos otros jubilados.
Su último embarque fue en 1998, hace 11 años. Melancólico y escéptico; Juan el marinero sueña con hacer un viaje por Europa otra vez para “recordar las cosas del pasado”, “un viaje largo, de un año, pero es un sueño imposible”. Juan, el artista, también tiene un proyecto: clasificar todas las cajas que tiene con fotos, testigos de todo lo que vio.
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CÓMO LO VI…
Juan me transmitió desde el primer minuto algo muy claro: añoranza y buena predisposición para el relato . Percibí su melancolía, sus ganas de volver a los tiempos en los que le pasaban cosas fuera de lo comín. Impresiona lo que sabe de arte y literatura, solo por pasión. Hablar con él fue darme cuenta una vez más de lo impredescible que es la vida y de que una misma persona puede ser,en realidad, varias.
LA TERCERA EDAD EN ARGENTINA
- El nuestro, es uno de los países cuya pirámide poblacional marca un claro envejecimiento de la población. Ostentando una porción de adultos mayores de 13.3 %
- Es muy alto el porcentaje de jubilados (25% sobre el total de la muestra para Argentina), que en general perciben bajos ingresos.
- De no producirse cambios favorables, al promediar el siglo XXI, el 56 por ciento de los ancianos no podrán acceder a jubilación o pensión alguna, según el estudio emprendido por Cáritas Argentina.
- Son alarmantes los números sobre explotación laboral a personas de la tercera edad, en especial mujeres. Lo que motiva a los adultos mayores a buscar trabajo a cualquier costo es, por lo general, la escasacobertura social y las jubilaciones minimalistas.
- Se calcula que para el 2010-2015 la esperanza de vida en Argentina será de 75,9 ; de las más altas de América Latina.
En argentina está claro que las jubilaciones mínimas no alcanzan, que el sistema previsional no está preparado para perdurar a largo plazo tal como está, que la remuneración no es lo suficientemente justa en relación a lo que cada persona trabajó, que el sistema de salud de las obras sociales no están preparadas para atender adecuadamente a los adultos mayores, y muchas cosas más. Esta problemática social no debería serle ajena a nadie, ya que todos pagaremos, tarde o temprano, económica o moralmente, las ineficiencias de un sistema que ataca a los más débiles.
Muy buen despiece, Lucila.
Bien por ofrecer estadísticas de las personas mayores.
Despiece aprobado.
Saludos, marita